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Ciego de Ávila

En la voluntad de un joven, no hay carencias

Converso con Yunior y lo imagino con la cabeza baja en su andar, en busca de cuanto hierro, cable, cabilla, piezas de carros abandonadas, ligas o cualquier otra herramienta que lo invite a soñar.

Resulta que desde que le dieron la oportunidad de formar parte de los trabajadores del deporte en Ciro Redondo, específicamente como responsable del gimnasio aledaño al estadio Sergio Antuña, tiene el propósito de embellecerlo, de dotarlo con la mayor cantidad de equipos posibles, para que los atletas del municipio y hasta los vecinos de la zona, puedan degustar gratuitamente de sus servicios.

Tiene 39 años, y viene del turismo, creo que la cultura del detalle que se forma en estos trabajadores permanece en sus vidas para siempre, y unido a su capacidad, compromiso y ganas de hacer, lo convierten hoy en una pieza clave en el rescate de áreas deportivas pinenses.

“Desde pequeño siempre estuve vinculado al deporte. Formé parte de la academia de béisbol, fui profesor de esgrima, y aunque luego estuve varios años como cocinero en el hotel Colonial, perteneciente a Cayo Coco, si deseaba regresar a este sector.

“Aquí se me ha dado la oportunidad de atender el gimnasio de pesas, del combinado deportivo número dos, y al llegar solo había un hércules y un banco de prom. Entonces yo me propuse poner a tono esta área, e hice una barra fija, un caballo con cuatro cabillas, mancuernas con pistones de carro y pedazos de tubos, con bandas de freno de trenes formé la base para hacer planchas, en fin, una serie de utensilios variados para ejercitar diferentes músculos del cuerpo.

“Lo hago en mi casa, con mis recursos. La dirección de deportes del territorio me consigue siempre lo más escabroso: los electrodos para soldar, por ejemplo, yo agrego lo otro”.

Cuentan que días después de su incorporación, salud pública orientó el cierre del local porque el baño en su interior, no contaba con agua corriente y amenazaba contra la higiene; sin embargo bastó una llamada, para que este joven revirtiera esa situación.

“Llevaba exactamente dos días trabajando aquí cuando nos citaron una tarde. O poníamos nuestro empeño en arreglar la instalación del baño, o cerraban lo que comenzaba a ser mi nuevo centro de trabajo.

“Enseguida traje mis recursos personales: mochitos de tubo, llavecitas, codos y la tarraja para hacer roscas. Tengo todas estas cositas porque me gusta mecanizar, así soy, en mi casa y hasta cuando trabajaba en el turismo. Si voy a estar en un función determinada es para poner mi interés en que todo salga bien, no es sobresalir, sino cumplir con los objetivos del área deportiva”.

Y aunque la imagen del local ya sea totalmente diferente, a lo que fue hace cinco meses atrás, Yunior Hernández Fernández no cesa en su voluntad de agrandar y perfeccionar el gimnasio. Considera que si mucho es lo logrado, más es lo que falta por lograr.    

“Quiero hacer un banco prom inclinable para los hombres y para el abdomen de las mujeres, una base de pierna que es con banco y rodillos, y pondré también un plano de músculos del organismo para que los atletas se guíen y sepan la zona de su cuerpo que priorizan con cada uno de los ejercicios”.

“De esta forma pienso seguir así, y aquí, sentencia, hasta el final de mi vida laboral”.

Como Yunior, son varios los trabajadores que se han insertado en el deporte en Ciro Redondo. Gracias a estas ideas frescas de los más lozanos, unido a la experiencia y el apoyo del Consejo de Dirección, no solo este lugar ha cambiado; sino que además es notable el avance en el gimnasio de lucha, en la piscina olímpica, en las diversas canchas de básquet y voleibol, en los terrenos deportivos y hasta en las oficinas.

Foto Adialim López Morales

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