De cómo se va la vida, no resultó un tema ajeno para él, y así lo reflejó en una de sus creaciones musicales, en la que vinculó este fenómeno con la marcha de las horas y los días.
Estos son los encargados, según se puede deducir en sus rimas, de conformar los años que tienen la función de convertir a los jóvenes en viejos y de acercar a los de mayor edad hasta la puerta por donde se parte hacia el viaje del que nunca se regresa.
Al referirse al lugarteniente general Antonio Maceo, destaca que en el accionar combativo por la independencia de Cuba llevaba de oriente a occidente la vida colgada a las espaldas, experiencia que también él vivió durante el asalto al cuartel Moncada y en las acciones posteriores al desembarco del yate Granma.
Juan Almeida Bosque, político, militar y compositor cubano, supo sensibilizarse también con el niño que quería ser marinero, con el comportamiento de una nerviosa mujer y con la mejicana bonita, hermana gemela de la patrona de Cuba, sin obviar el primer día de enero y el popular traguito.
Afirmaba que el son, ese contagioso ritmo bailable, está presente en cada una de las regiones cubanas y que rendirse resulta una palabra hueca o vacía, lo que si nunca imaginó es que en su obra la vida no se va porque está presente al disfrutar sus canciones y leer sus libros.
Y ¿quién no siente como se prologa la existencia del activo revolucionario en la asociación de Combatientes de la Revolución Cubana o cuando se acude al disfrute de un concierto de su peculiar retoño Juan Guillermo, cuyo carisma logra ganarse el cariño y el aplauso de los que saben amar?







