Crónicas de viaje: “A las Guirnaldas del Norte”

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omunidad Celia Sánchez Manduley de Turiguanó, al norte de Morón./Foto Nohema Díaz Muñoz
Comunidad Celia Sánchez Manduley de Turiguanó, al norte de Morón./Foto Nohema Díaz Muñoz

Invitación a Turiaguanó, un paraje considerado una de las maravillas de la geografía de Ciego de Ávila.

Al salir de la ciudad de Morón con rumbo a Cayo Coco, bosques de zonas pantanosas y plantas acuáticas crecen hasta el mismo borde de la carretera a Turiguanó.

Esa comarca que limita todo el arco norte de la laguna de La Leche, la más grande de Cuba, es considerada isla, por los canales que la rodean desde ambos extremos y se comunican con el mar.

Cuando desaparece la vegetación tupida y las tierras se vuelven más altas, asoma el asentamiento de las llamadas “Casitas holandesas”, fundado por la revolucionaria Celia Sánchez Manduley, y que clasifica como pionero en el uso del biogás.

Más al este, las colinas onduladas acogen varias granjas, donde en buena parte de ellas radica el mayor rebaño de vacas Santa Gertrudis en el país, gracias a un abundante pasto que ahora la sequía torna amarillento.

Tras los cerros, en una zona tenida por muy inhóspita en el siglo XIX, falleció aletargado por las fiebres el boricua mambí Francisco Gonzalo Marín Shaw.

Llamado Machín por los compañeros del Ejército Libertador, el también poeta, murió solitario al cruce por La Trocha, en una hamaca colgada entre dos árboles de llana. Su memoria es perpetuada por las nuevas generaciones al representar un tributo al amor solidario en suelo avileño.

Luego hacia el oriente, emergen como ventiladores gigantes unas estructuras grisáceas: son los aerogeneradores del primer parque eólico cubano. Si proseguimos la ruta también encontramos la saladísima playa La Tinaja.

Pero es norte nuestro rumbo, dejamos atrás la comunidad de edificios para quienes trabajan en la cayería y como un desafío sobre el inmenso mar, surge el pedraplén; vía de casi 30 kilómetros que facilita la explotación de playas paradisíacas en Jardines del Rey.

En un inicio la senda provocó daños ecológicos, enmendados con la construcción de pasas, cuya gestión corrió a cargo de los especialistas de una institución enclavada en Cayo Coco: el Centro de investigaciones de ecosistemas Costeros.

Hoy se alzan casi una veintena de hoteles en el destino turístico y los crecimientos apuntan a muchos más. Tientan los cielos de luz azul, las bandadas de pájaros singulares sobre una vegetación siempre verde y arenas infinitas.

Allí, mucha gente disfruta y se regodea con la visión, pero otra parte diagnostica, vigila y repara la naturaleza para que prevalezca una de las maravillas de Ciego de Ávila.

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