Ciego de Ávila: Bandos Rojo y Azul, lo tradicional de la cultura campesina

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La fista de los bandos Rojo y Azul, de Majagua, sobresale en Cuba como la fiesta popular de mayor prestigio en el género campesino/Foto Neisa Mesa del Toro

Las fiestas de los bandos Rojo y Azul del municipio de Majagua, en la provincia de Ciego de Ávila, se han convertido en una de las tradiciones campesinas más reconocidas en la cultura popular de la Isla.

Bailes, música, danza y parrandas se mezclan en estos festejos que ya cumplen 90 años y ocupan un lugar importante en el quehacer cultural del poblado, distante unos 40 kilómetros al oeste de la ciudad de Ciego de Ávila.

Los vecinos de la comarca, divididos en dos grupos: el rojo y el azul, celebran sus festividades siempre en el mes de noviembre, y durante una semana montan escenografías con elementos rurales, donde exponen aspectos y costumbres de la campiña cubana.

Mientras duran los encuentros, las casas, edificios y cada rincón de Majagua anuncia el color de su preferencia con banderas, globos, carteles y cintas o lazos en los sombreros.

En las presentaciones, los bandos muestran personajes alegóricos de la nacionalidad como Cuba y Liborio y los carismáticos Don Pepe y Doña Joaquina, estos últimos los encargados de dirigir el jolgorio.

Una actividad colateral es el Festival de Parrandas, en el cual improvisadores acompañados de tres, claves, maracas, güiro, marímbola, bongó, acordeón y el típico machete cultivan el punto camagüeyano y logran que sus cantos se ajusten al ritmo de la música.

Asimismo entonan controversias -encuentros de decimistas y treceros-, y otras acciones para atraer a cultivadores de estos géneros, quienes arriban desde varias provincias del país.

Cada grupo exhibe a una muchacha que simboliza a Cuba, quien, vestida con la bandera nacional, representa los valores de la sociedad, mientras que un joven con guayabera, sombrero de guano y machete al cinto, encarna a Liborio, figura que representa al pueblo dispuesto a defender la Patria.

Hombres y mujeres, en dependencia del barrio al cual pertenezcan, interpretan el baile del zapateo, con características propias de la zona, y los ritmos conocidos como la Karinga, el Zumbantorio, El Gavilán, La Chismosa, La Polka y El Papalote; Anda Pepe y Doña Joaquina.

LA GÉNESIS

En la década de 1920 familias adineradas en la zona de Majagua tenían como costumbre reunirse los domingos para realizar juegos de béisbol entre dos equipos: el Rojo y el Azul.

La iniciativa se hizo cotidiana durante un tiempo, hasta que un buen día, Pedro García, vecino acomodado y amante del punto de parranda, decidió crear dos bandos entre los pobladores para organizar bailes, y poco a poco cada quien se fue identificando con uno u otro.

Esa práctica se arraigó en la población, pasando de generación a generación, y hoy se ha convertido en una fiesta guajira auténtica y plena de cubanía.

En Majagua la fiesta tiene su peculiaridad, pus se unen costumbres de inmigrantes chinos y canarios -asentados en la zona en el siglo pasado- con hábitos campesinos de nativos, aspectos que la diferencian de otras celebraciones criollas que se desarrollan en la nación.

Luego de la suspensión durante un tiempo, en 1966 Ángel Morán, instructor de arte recién graduado, rescató los bailes y aquella música rural, y creó el Conjunto Artístico XX Aniversario, principal anfitrión del jolgorio.

TRADICIÓN Y CUBANÍA

Cada guateque refleja lo más auténtico de la campiña cubana, como el bohío, el cerdo asado en púa, las peleas de gallos, los taburetes, el caballo, el pilón y el buen café.

Don Pepe, principal protagonista del barrio Azul, es el guajiro alegre, chispeante y buen bailador, mientras que Doña Joaquina, por el Rojo, encarna a la mujer cubana generosa que también disfruta de la parranda.

Ambos personajes son opositores y promotores de una fraternal rivalidad danzaria y musical entre vecinos, que, con el tiempo, se ha convertido en una vía para rescatar elementos folclóricos.

El encuentro entre los bandos Rojo y Azul, de Majagua, está entre los más representativos del género campesino en Cuba, y tiene la particularidad de que es competitivo, pues un prestigioso jurado evalúa y selecciona al grupo ganador.

Hoy los pobladores, junto con directivos de la localidad, trabajan para mantener vivas las tradiciones musicales y danzarias guajiras, por ser un espacio innegable para manifestar la identidad cultural de la Isla.

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