El campechano más digno - Radio Surco

El campechano más digno

Raúl Roa García /Foto tomada de Wikipedia

Raúl Roa es el campechano más digno porque jamás claudicó y fue siempre implacable con el enemigo imperialista.

Alto, delgado, simpático, nervioso, buen amigo e implacable lector, le gusta tanto la pintura como jugar béisbol, en el cual se destaca como primera base, pero es mal bateador. Según su amiga la escritora Loló de la Torriente: “Era el más greñudo de todos los greñudos, el más malhablado de todos los insolentes y el más ingenioso de todos los hidalgos”.  

Sus anhelos por un mundo más justo se consolidan cuando en 1925, como estudiante de Derecho, conoce a Julio Antonio Mella…y por “acaso también el sedimento inconsciente de mi progenie mambí, a la sombra iluminada de mi abuelo,  Ramón Roa.” Su amistad con Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente  Brau, logran sensibilizarlo aún más con los problemas sociales.  

Por su intensa trayectoria política, al producirse el golpe militar de Fulgencio Batista en Marzo de 1952, tiene que exiliarse y solo regresa a la patria con el triunfo de la Revolución. Integra el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y el 12 de junio de 1959 lo designan Ministro de Estado, ministerio que cambia el nombre por el de Relaciones Exteriores.  

El alto rango no le impide preocuparse por quienes lo rodean ni aplaca su sentido del humor que le granjea la simpatía de todos.

En una ocasión a un embajador foráneo que no cuidaba el protocolo en el vestir, lo recibe en camiseta y le espeta: “La próxima vez que usted venga en mangas de camisa, lo recibiré en calzoncillos”.

En agosto de 1960, en San José, Costa Rica, se inmortaliza como el Canciller de la Dignidad. Ese día, convencido de que en la OEA las denuncias de Cuba ante la inminente agresión de la CIA se ignoran, pide la palabra para una cuestión de orden y anuncia la retirada de su delegación: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América”.

Como ministro defiende a los vietnamitas, lucha por la independencia de los pueblos de Asia, África y América Latina, define una línea común en la lucha frontal contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo, funde la unidad estratégica y táctica en el combate y es artífice de la integración de Cuba al Movimiento de Países No Alineados. 

Pero su mejor batalla diplomática tiene como escenario la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas donde el 17 de abril de 1961 denuncia con su habitual talento, habilidad y maestría el ataque a Playa Girón y tres días después da a conocer la aplastante derrota sufrida por las fuerzas mercenarias en nuestro país.

Con su singular estilo inaugura la diplomacia revolucionaria, que expresa la verdad, sin tapujos ni ambages, sobre los principales conflictos que enfrentan los pueblos en su lucha por la independencia, la paz y la justicia social. La califica como el arte de la táctica, el tacto y el contacto, la táctica para trazar la estrategia a seguir, el tacto que requiere no solo tocar el tema que interesa, sino saber cómo tocarlo y el contacto como la razón de ser de esa profesión.

Ante la interrogante de cómo los pueblos del tercer Mundo pueden luchar contra el colonialismo, neocolonialismo y liberación nacional, Roa expresa que lo más importante y eficaz es la unión y solidaridad así como también “Librar en suma la batalla de todos en la batalla de cada uno, y en la batalla de cada uno la batalla de todos y si preciso fuera la batalla de todos, con todos y para todos.”

Raúl Roa García, muere el 6 de julio de1982 y el pueblo cubano le rinde postrer tributo en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. En la despedida del duelo Armando Hart manifiesta: “Roa supo interpretar en forma cabal la línea y las posiciones de Fidel”. 

“No se podrá escribir la historia de la diplomacia moderna en el mundo, sin recoger las luchas y la obra en este campo de quien  fue siempre fiel al calificativo popular de Canciller de la Dignidad.”

Hoy es el campechano más digno porque sirvió a la patria dignamente, jamás claudicó y fue siempre implacable con el enemigo imperialista. Su ejemplo crece y es inspiración para quienes continúan la batalla diplomática en defensa de los principios de la  Revolución Cubana.

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