Como Buena Fe, no hay dos (+fotos)

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Presentación del dúo Buena Fe en el municipio avileño de Majagua/Fotos Cortesia Proyecto La Ruta

Dos canciones apenas “Y yo amaneciendo amor”, cuando las luces se apagaron en todo Majagua y el concierto de Buena Fe, que recién empezaba, de pronto se detuvo en un sorbo fugaz  a la melodía. Corazones agitados, murmullos, las “llamadas correspondientes”, y por fin, se hizo la luz para hacer música la promesa.

La banda que ya ha sido inspiración para varias generaciones de cubanos, ahora se adueñaba de la misma plaza donde suelen ser monarcas los bandos Rojo y Azul, para dejar allí su huella sonora con un concierto donde coquetearon  el movimiento de los cuerpos y el pensamiento, en una suerte de pacto entre gozo y razón.

Porque Buena Fe hace tiempo encontró esa fórmula que conquista caderas y emociones, y en cada pueblo de esta Isla le espera un público que, como el de Majagua, cree en su palabra y su melodía, y ama su verso y su reverso.

Temas como “Volar sin ti”, “Soy” o “Sin arrepentimientos” hicieron de la noche una suerte y un buen comienzo del primer concierto en su  gira de verano por todos los municipios de Ciego de Ávila,  privilegio exclusivo que tendremos en la provincia durante 10 días, por ser el mayor programa de la agrupación en un territorio en toda la etapa estival.

¿Y por qué no? Privilegio el mío que estuve ahí para contar el inicio de algo bonito. Suerte la mía  que me encontré anoche en esa misma plaza a mi mejor amiga del “Preuniversitario” y en los recuerdos aquel cuaderno que llenábamos con  las letras de las primeras canciones del dúo de Israel  Rojas y Joel Martínez.

Ahora, después de 15 años, nos unían otra vez en una noche cálida e inolvidable, en la que Majagua demostró otra vez ser ese “pueblo que no teme abrir el corazón y compartir el amor” y que, aunque se aparece a deshora, llega y retribuye, pero hace que valga la pena, porque “los conciertos los hace el público”, como sentencia el propio Israel.

Terminaba la fiesta, ya era miércoles 17 de julio, y casi nadie se dio cuenta, pero algo si ya era una certeza, a Ciego de Ávila el verano le está haciendo un regalo que viene de Buena Fe, y los muchachos lo saben, porque al final, cuando se apagan la luces, las del “guión”, uno le dice al otro “Como Buena Fe, no hay dos”.

 

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