Que la economía cubana está en un momento álgido no es un secreto. Varios motivos conspiran contra una mejor situación social para los cubanos.
El mundo está afectado por una gran crisis económica derivada de las políticas neoliberales, la mala distribución y explotación de los recursos naturales y un peor manejo del cambio climático, que en buena medida afecta la vida del hombre en la tierra.
A todo esto a Cuba se le suma el cruel y cincuentenario bloqueo económico y financiero que Estados Unidos impone a la isla en su empeño de derrotar la Revolución y que ha estado frenando por años el desarrollo de la nación caribeña.
De ahí que estos tiempos exijan más de cada uno de nosotros.
La sustitución de importaciones, el aumento de la producción, el control estricto de los recursos, el ahorro y la participación de cada cubano para empujar el tren de la vida.
La productividad y la eficiencia son términos superlativos en el empeño de mejorar la sociedad.
En tiempos difíciles, como los actuales, la unidad y la cohesión son imprescindibles y, de eso, los cubanos hemos dado sobradas demostraciones.
Se trata de que cada ciudadano aporte con su trabajo, sus ideas, sus soluciones. Los directivos no podrán fallar en sus decisiones, en la confección de planes, en el acto de velar por la disciplina y siendo ejemplos.
No es la lucha de algunos, es la gran y decisiva batalla de todos para consolidar el país que queremos y merecemos.









