El azúcar y el apretado haz la cultura cubana

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Las profesiones en los centrales azucareros cubanos pasaban de padres a hijos /Foto Trabajadores

En Ciego de Ávila, y en toda Cuba, la definición de familia pasa por una relación amplia de vínculos de consanguinidad, convivencia y afecto. También, en muchos casos, en los gustos de los hijos por las profesiones paternas o maternas.

Para quienes nacimos y crecimos en el batey de un ingenio azucarero, lo más natural del mundo era que los muchachos quisieran ser ferroviarios: maquinistas, fogoneros, conductores o retranqueros, si el viejo o los tíos laboraban en la temporada de zafra en el tiro de caña.                                                             

Los vástagos de otros hogares querían ser  puntistas, estibadores o purgadores, según la influencia del medio familiar. De ese modo se tejía el entorno  que los estudiosos suelen llamar cultura azucarera, cuando toda una comunidad respiraba al compás de la producción del dulce grano.

Las escuelas, aunque funcionaban por un programa nacional, no podían desprenderse, sin embargo, del silbato del ingenio cada mañana o cada tarde para entrar o salir; además del  empalagoso olor  a guarapo o meladura que impregnaba todo el poblado, amén del  infaltable bagajillo que tiznaba las camas, cubría  los jardines y contaminaba los almuerzos del comedor popular.

Las fiestas  solían estar vinculadas a ese quehacer, que por varios meses permeaba la zafra y después se extendía a las labores agrícolas. Torneos, encinte de  argollas, juegos de pelota y carreras a caballo, integraban un entorno que desde inicios del siglo anterior fueron conformando un modo de ver las cosas muy característico de un sector poblacional del país.

Los cambios económicos producidos en Cuba en los últimos años y la emigración de los trabajadores hacia otros oficios, determinaron que este quehacer  se viera alterado al punto de que, en estos momentos, los más jóvenes de la casa no quieren seguir el camino laboral de sus ancestros.

Puede que en largo tiempo no se creen nuevos centrales, ni surjan condiciones favorables para retomar esa cultura azucarera que identificó a buena parte de la población avileña –y cubana en general- , pero urge rescatar en lo que sea posible las tradiciones socioculturales que nos definieron, como parte de ese ajiaco del que habló en su momento Fernando Ortiz y que viene a ser en apretado haz la cultura cubana.  

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