Aguacero de Buena Fe en Violeta. VI Concierto (+Fotos)

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Aguacero de Buena Fe en Violeta /Fotos Cortesía proyecto La Ruta

Ha llovido bastante en Violeta, cuando Buena Fe llega para el concierto sexto de su gira de verano por Ciego de Ávila. El equipo de Musicavila y Yanquiel DJ, como cada noche, ya han asegurado lo necesario para la presentación, y Filmagen viene otra vez a tomarle el pulso al público de Primero de Enero.

De cualquier forma esta noche la lluvia telonera es tamiz para juntar al pie de la plaza a los más fieles, que palpitan cuando el instrumento rompe el murmullo nocturno“ y me temo que lo triste se ha ido”, mientras convoca una voz melodiosa, seductora: “présateme acá tus oídos, tu risa, tus alas, y acompáñame.

Tras tus pies y No juegues con mi soledad, vuelven a estremecer a quienes han querido tanto, que traen de vuelta a este auditorio los mejores besos, las nostalgias.

Una muchacha rubia abraza a su novio que le canta en la boca y yo pienso en ti, porque esta noche no han hecho nuestra canción y parece que va volver a llover, y parece que hoy otra vez, habrá que Volar sin ti.

Lo que me llama la atención es que hay muchos niños bastante pequeños. Sus padres jóvenes no quieren perderse esta cita y llegan “con hijo incluido”. Me hubiera gustado oír esa canción, pero también es una buena oportunidad para PlayStation, que es recibida bien bonito.

La de hoy es una audiencia distinta, más heterogénea, que disfruta mejor los temas cercanos al rock, quizás por las influencias musicales de este lugar, pero el agua del cielo no ha dejado hacer Libre, para medirle toda la temperatura a Violeta.Ya le vendrá bien a la caña que sembraron ayer.

A penas ha dado tiempo a terminar Pi 3,14. La lluvia no perdona. Sin embargo muchos se quedan debajo del aguacero, pidiendo más. Y eso da la dimensión del placer. Este ha sido el concierto más corto, “pero ha estado muy bien, a pesar del abrupto final” me comenta Ernesto Cisneros.

Yo regreso con mi sobrina de 14 años. La he traído de “Buena Fe”, para fertilizarle el oído y de a poquito el alma, pero ya de vuelta en el taxi, otra vez la escucho siguiendo estribillos de un tal fulano Conejo Malo que está en la pantalla del carro.

No va a ser fácil, pero mañana la llevo otra vez. Tengo fe en la belleza y la capacidad constructiva de esta música con la que me he encausado tantas veces.

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