Año tras año las imágenes y las noticias se repiten. En la mayoría de las regiones del planeta donde se desfila en ocasión del Día Internacional de los Trabajadores, aparecen los gases lacrimógenos y los palos de la policía. El Estado acude a su parafernalia represiva para acallar a las voces que reclaman mejores condiciones de trabajo, una jornada laboral de ocho horas, respeto y buen trato para los inmigrantes, cese de los despidos…
El pliego de demandas del presente año amenaza con ampliarse, pues las cortinas del quinto mes del 2009 se levantan cuando los efectos de la crisis se hacen sentir sobre millones de personas en el planeta.
En un mundo en el que la quiebra de mega empresas y el desempleo galopante dan la tónica, cabría preguntarse: ¿por qué desfilamos en Cuba?
La gran prensa burguesa transmite socarronamente las mismas mentiras, una y otra vez, en el curso de años y décadas. Desde que tengo uso de razón he escuchado los mismos epítetos, las mismas acusaciones.
Según periodistas y conductores al servicio del capital, en el Caimán del Caribe el pueblo vive reprimido en una cárcel gigantesca, bajo las horribles condiciones de una dictadura que impide el libre ejercicio de sus libertades democráticas. A los desfiles y concentraciones asistimos porque nos obligan, repiten con saña.
Los cubanos que aquí amanecemos ataviados con los colores de la Bandera de la estrella solitaria tenemos por costumbre izar a nuestros hijos hasta la altura de los hombros para que el recorrido se les haga aún más placentero. No faltan las jaranas y los abrazos. Cada cual inventa lo suyo, unos llevan los atributos de sus centros de trabajo o estudio, otros gritan hasta quedar roncos.
En la calle se oye un bramido de marchas patrióticas y el paso de la multitud por las principales avenidas de los 169 municipios y las 14 capitales de provincia.
Es por eso que percibimos con nitidez la ponzoña de la mala intención en la andanada de imputaciones emitidas desde los grandes centros de poder, sentimos que viajan con el tufo de la podredumbre.
Sin el temor de que nos apaleen, nuestro desfile se hace para cantarle a la vida, de modo que, entre pancartas, consignas y canciones, se oiga el rumor inextinguible de una nación organizada, con un proyecto social y político diferente al de los países que viven de expoliar a los más pobres.
Sin los fantasmas del divisionismo y la xenofobia, en un haz de manos y voces que amasa el futuro con la levadura de su sacrificio, Cuba recorre libre, soberana e independiente por sus calles, como lo ha hecho cada Primero de Mayo, desde hace medio siglo.
Enviado por Filiberto Pérez Carvajal (Radio Surco)
Foto de Idael Varela Ferrer (Radio Surco)
Link permanente: Http://www.radiosurco.icrt.cu/Portada.php?id=651